Nosotros 2017-05-17T09:04:51+00:00

Al llegar las primeras promociones de alumnos del Instituto Franco Mexicano para iniciar su Secundaria en el Colegio Franco Mexicano, los Hermanos de este plantel se dieron cuenta que pronto tendrían que rechazar alumnos por falta de locales. Al poner al corriente de este problema a los Hermanos Leoncio V. Lorenzo y Salvador Méndez Arceo, de visita en Monterrey lo primeros días de enero de 1954, dichos Superiores que conocían la generosidad de los regiomontanos, les aconsejaron que motivaran a los padres de familia y exalumnos del Franco para que cooperaran en la construcción de un edificio escolar amplio y funcional en donde pudieran ser atendidos los alumnos de la Secundaria, Preparatoria, y hasta los de las recientes facultades universitarias. La idea del nuevo colegio cundió rápidamente a lo largo del año Mariano de 1954, de tal forma que el día 15 de diciembre quedó establecido el Patronato Pro-construcción, cuyo presidente fue Don Nicolás Rodríguez.

La Directiva, estuvo formada por el Lic. Ricardo Margain Zozaya, como presidente; Sr. Eugenio Clariond, como vicepresidente; Sr Raúl Frías Muguerza, como secretario y el C.P. Ernesto Ortiz Quevedo, como tesorero.

El día 9 de junio de 1956 frente a la expectativa de los numerosos invitados, se llevó a cabo la bendición de la primera piedra del CUM, por el Sr Arzobispo, Dr. D, Alfonso Espino y Silva y la colocación de la misma por el Sr. Gobernador del Estado, Lic Raúl Rangel Frías.

El Hno. Provincial Salvador Méndez Arceo presidió ambas ceremonias. Estuvieron también presentes: el Dr. José Luis Lozano, Presidente Municipal; el Lic. Roberto Treviño, Rector de la Universidad de Nuevo León; el Gral. Domingo Martínez, Jefe de la Zona Militar, y el Prof. Buenaventura Tijerina, Director de Educación del Estado”. El curso Escolar 1957-1958 se inició en el antiguo local de la calle de Hidalgo, con cierta decepción de los alumnos mayores, deseosos de pasarse al nuevo edificio.

Felizmente, éste se pudo terminar en Navidad. Desde el mes de agosto fueron nombrados los Hermanos que integrarían la Comunidad Marista del Centro Universitario Monterrey, hoy Centro Universitario Franco Mexicano de Monterrey. HH. Salvador Mora Lomelí (director), Ramón Pedroza (subdirector), Felipe de J. Landaverde, Eustasio Zepeda, Salvador Vázquez, José María Hernández, José Daniel Sáinz, Luis Pérez Gil, Manuel Hernández Gaona, Humberto Álvarez H., Aureliano Brambila. Finalmente, el lunes 13 de enero de 1958 el Hno. Serafín García presentó al nuevo Director, Hno. Salvador Mora Lomelí, a la comunidad educativa del CUM, reunida en el patio central del mismo. Dicho edificio está ubicado al oeste de la ciudad, detrás del cerro del Obispado y tiene una extensión de 27,000 metros cuadrados.

Somos discípulos de San Marcelino Champagnat, Hermanos y laicos que en comunidad evangelizamos educando a los niños y a los jóvenes. Buscamos “dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar”, brindando una educación integral de calidad para ayudarlos a ser “Buenos cristianos y virtuosos ciudadanos”, y de esta manera responder a la realidad histórica y social de los lugares en los que nos encontramos.

Los miembros de la Comunidad Educativa Marista del Centro Universitario Franco Mexicano de Monterrey somos líderes solidarios e incluyentes, evangelizados desde la Espiritualidad Apostólica Marista, para ayudar a Dios Padre en la construcción del Reino.   Ejercemos un liderazgo educativo al proporcionar una formación integral a los miembros de la comunidad educativa. En ésta, los alumnos desarrollan un alto nivel académico formativo basado en competencias y en el uso de tecnología de vanguardia, siendo así, agentes de cambio en la sociedad.

Nuestra oferta educativa es altamente competitiva en el ámbito local, nacional e internacional, sustentada por personal profesionalmente certificado, en una infraestructura renovada y actualizada, con un sistema de comunicación eficaz y un eficiente servicio administrativo apoyando económicamente a los alumnos más necesitados.

1.- Presencia: Valor que nos mantiene atentos a las necesidades de nuestros estudiantes ya que brindamos un tiempo, más allá de nuestra dedicación profesional. Establecemos relaciones basadas en el afecto, creamos oportunidades para involucrarnos en sus vidas y acogerlos a ellos, en las nuestras.

2.- Sencillez: Valor por el que manifestamos nuestras relaciones interpersonales, siendo éstas, auténticas, directas y honestas, fruto de la unidad entre pensamiento y corazón, carácter y acción, respetuosas de la dignidad y de la libertad de las personas.

3.- Espíritu de Familia: Valor con el que nos relacionamos, como miembros de una familia que se ama, basamos nuestro ambiente de trabajo, en el espíritu de responsabilidad compartida y a la vez, de autonomía responsable. Mantenemos un compromiso firme, de construir comunidad, con quienes se relacionan con nuestra institución.

4.- Amor al Trabajo: Es una característica propiamente Marista, ya que nos hace ser fieles en lo que hacemos, aplicando estrategias de mejoramiento profesional, fomentando la dignidad del trabajo, a través de la creatividad, autoestima y perseverancia; promoviendo el espíritu de cooperación a través del trabajo en equipo, aprovechando el tiempo y haciendo buen uso del talento.

5.- Amor a Jesús por María: Nos da identidad, ya que nuestro centro es la educación cristiana; hacemos vida las actitudes que reconocemos en María, modelo perfecto del educador Marista: respondemos con fe al llamado de Dios en nuestra vocación, maravillándonos de la grandeza de su Obra, permitimos que nuestros estudiantes desarrollen su propia personalidad, asociados a María, para hacer nacer a Jesús en sus corazones.

6.- Solidaridad: El hacer comunidad para poder ser solidario con los demás, es lo esencial. Es una de las características maristas que más se practica día a día, es una muestra clara de la sencillez, reflejada en la ayuda que brindamos, ante cualquier situación, pero siempre para un bien común.

El Centro Universitario Franco Mexicano de Monterrey es una institución educativa de nivel secundaria y bachillerato incorporado a la Secretaria de Educación por lo que nos regimos con los reglamentos de la misma. Nuestra institución fue fundada el 8 de enero de 1958, lo que nos alegra de celebrar más de 50 años de vida y con ellos renovar nuestro compromiso con la sociedad regiomontana. Somos herederos de la espiritualidad apostólica de San Marcelino Champagnat, lo que nos hace una institución de inspiración cristiana y nos compromete a evangelizar a través de la educación proporcionando a nuestros alumnos una formación integral la cual parte de una visión cristiana de la vida a través de su relación con Dios, con los demás, con la naturaleza; partiendo de una sana relación consigo mismo, de tal manera que hace su Yo un Nosotros.

Nuestro estilo de educación se basa en los principios de la formación marista la cual consiste en: Estar siempre presentes entre los alumnos como signo de compromiso con ellos y con la firme convicción de que acompañándolos en su diario vivir es la mejor manera de estar atentos a sus necesidades; vivimos esta presencia con sencillez de trato.

Buscar junto con los padres de familia, alumnos y alumnas formar la Familia Marista de Monterrey y del mundo en la cual compartimos nuestra presencia con 40 ciudades de México y 77 países alrededor del mundo lo que nos hace formar parte de los más de 600,000 miembros del Instituto Marista.

Con el amor a Nuestra Buena Madre y su presencia en nuestra institución marcamos la diferencia ante otras instituciones educativas de nuestro entorno, lo que le da un tinte materno y cercano con la comunidad educativa marista del CUM y respondemos a su invitación de estar atentos a lo que Jesús nos dice.

Hacer de nuestra labor social un compromiso con los más necesitados atendiendo de manera especial a nuestros hermanos de la Escuela Franco Guadalupe, a quienes les ayudamos para que como nosotros tengan una educación digna de tal manera que les permita responder y comprometerse con las necesidades del medio en que viven.

Esta labor educativa la llevamos a cabo en conjunto: Hermanos, Laicos comprometidos, Padres Corresponsables con la educación de sus hijos pero sobre todo con el fuerte compromiso de los alumnos quienes son los primeros responsables de su formación.

¿Quién era San Marcelino Champagnat? Fue un sacerdote de la Sociedad de María, y fundador de los Hermanitos de María, más conocidos actualmente en el mundo como los Hermanos Maristas.

Marcelino Champagnat quería a los jóvenes. Ellos, a su vez, se dejaron contagiar por su entusiasmo y energía. Tres cosas alimentaron su espiritualidad ardiente: la vivencia constante de que Dios está siempre presente, una confianza ilimitada en María, y las pequeñas virtudes de humildad y sencillez.

Fue un fundador joven. Tenía veintisiete años cuando invitó a sus dos primeros discípulos a seguir su proyecto. Dio una clara misión a los hermanos. Proclamad la palabra de Dios a los jóvenes, – les decía -, en especial a los más desatendidos. Estaba convencido de que para educar a los jóvenes primero hay que amarlos.

Este principio orientó su vida y su trabajo, y deseaba lo mismo para sus hermanos.

Su obra sigue hoy viva en 77 países donde nos permite atender a más de 600 mil jóvenes acompañados por 27 mil maestros y 3800 hermanos maristas. Marcelino Champagnat fue beatificado el 29 de mayo de 1959 y canonizado el 18 de abril de 1999.

Te invitamos a conocer más sobre la vida y obra de este gran modelo a seguir picándole AQUÍ.

“Para educar, hay que amar”. Nuestro modelo educativo, se fundamenta en una visión integral de la educación, que busca conscientemente comunicar valores. Utilizamos una metodología pedagógica peculiar, que Marcelino y los primeros maristas iniciaron y hoy en día, sigue siendo innovadora en muchos aspectos.

Hacemos nuestra la idea de que para educar bien a los niños y jóvenes, hay que “Amarlos y amarlos por igual”. Según este principio, las características de nuestro estilo educativo son: Presencia, Sencillez, Espíritu de Familia, Amor al Trabajo y seguir el Modelo de María.

Educamos, sobre todo, haciéndonos presentes entre los niños y jóvenes, demostrando que nos preocupamos por ellos, personalmente. Les brindamos nuestro tiempo, más allá de nuestra dedicación profesional, establecemos con ellos, una relación basada en el afecto, que propicia un clima favorable al aprendizaje, la educación en valores y la maduración personal.

Nuestra sencillez se manifiesta en el trato con los niños y jóvenes, a través de una relación auténtica. Es el fruto de la unidad entre pensamiento y corazón, carácter y acción, que se deriva del hecho de ser honrados con nosotros mismos y con Dios. El gran deseo y la herencia del padre Champagnat, es que nos relacionemos los unos con los otros y con los niños y jóvenes, como miembros de una familia que se ama.

A través de la Pedagogía del Esfuerzo, tratamos de que los niños y jóvenes adquieran un carácter y una voluntad firmes, una conciencia moral equilibrada y valores sólidos, en los que se fundamente su vida.

Cuidamos la motivación y el proyecto personal de cada uno, promovemos el trabajo en equipo y les ayudamos a adquirir un espíritu de cooperación y de sensibilidad social, para servir a aquellos que tienen necesidad.

María es el modelo perfecto para el educador Marista, como lo fue para Marcelino. Mujer seglar, primera discípula de Jesús, orienta nuestro caminar en la fe, como educadora de Jesús de Nazaret, inspira nuestro estilo educativo.

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